11.10.07

[...] Bueno, he navegado un poco el Golfo y sé que es una trampa. Los convencí con el mapa en la mano para que no escaparan a México. Y bajé con ellos a ver su gran balsa para seis personas. Era un tinglado de madera y sogas sobre tres neumáticos de avión. Llevarían linterna, brújula y luces de bengala. Les deseé suerte y salí con mi bicicleta a dar una vuelta. Cornpré unas tajadas de melón. Fui hasta la casa de mi ex mujer. Ahora somos buenos amigos. Así nos va mejor. Ella no estaba. Comí un poco de melón y dejé los restos por allí. Me gusta dejar huellas. Puse en el frío las tajadas que quedaron y me fui rápido. En ese sitio fui demasiado feliz durante dos años. No es bueno estar ahí solo.

Cerca vive Margarita. Hacía tiempo que no nos veíamos. Cuando llegué estaba lavando y sudaba. Se alegró y fue a bañarse. Éramos novios furtivos -no me hagan caso, de algún modo tengo que decirlo- hacía casi veinte años y cuando nos vemos primero templamos y después conversamos muy relajados. Así que no la dejé bañarse. Le quité la ropa y le pasé la lengua por todas partes. Ella hizo lo mismo: me quitó la ropa y me pasó la lengua por todas partes. Yo también estaba muy sudado de tanta bicicleta y tanto sol. Se estaba reponiendo y engordaba. Ya no estaba demacrada. De nuevo tenía las nalgas duras, redondas y sólidas a pesar de sus cuarenta y seis años. Los negros son así. Llenos de fibras, y músculos, con muy poca grasa, y una piel limpia, sin granos. Oh, no resistí la tentación y, después de un buen rato jugando con ella, ya había tenido tres orgasmos, se la metí por el culo. Muy despacio, bien mojada con los líquidos de su vagina. Poco a poco. Metiendo y sacando y masturbándole el clítoris con mi mano. Ella rabiaba de dolor, pero me pedía más y más. Mordía la almohada, pero retrocedía el culo y me pedía que se la metiera hasta el tronco. Es fabulosa esa mujer. Ninguna disfruta más que ella. Así estuvimos unidos mucho rato. Cuando se la saqué estaba embarrada de mierda, y ella se asqueó. Yo no. Yo tenía el cínico alerta, nunca dormía. Es que el sexo no es para gente escrupulosa. El sexo es un intercambio de líquidos, de fluidos, saliva, aliento y olores fuertes, orina, semen, mierda, sudor, microbios, bacterias. O no es. Si sólo es ternura y espiritualidad etérea entonces se queda en una parodia estéril de lo que pudo ser. Nada. Nos dimos una ducha y quedamos listos para un café y para conversar un rato. Ella quería que la acompañara a El Rincón. Tenía que cumplir una promesa a San Lázaro y me pedía que la acompañara al día siguiente. En realidad me lo pidió con tanto cariño que acepté. Eso es lo maravilloso de la mujer cubana -debe haber muchas otras igual, tal vez en América, en Asia- es tan cariñosa que nunca puedes decir no cuando te piden algo. No es así con las europeas. Las europeas son tan secas que te dan todas las posibilidades para decirles ¡NO! Y quedarte a gusto.

Después regresé a casa. Ya la tarde estaba refrescando. Tenía hambre. Claro, sólo tenía un té, una tajada de melón y un café en el estómago. En la casa me comí un pedazo de pan con otro té. Ya me estaba acostumbrando a muchas cosas nuevas en mi vida. Me estaba acostumbrando a la miseria. A tomarlo todo como viniera. Me entrenaba en abandonar el rigor, o no sobreviviría. Siempre viví carente de algo. Desasosegado, queriendo todo a la vez, luchando rigurosamente por algo más. Estaba aprendiendo a no tenerlo todo a la vez. A vivir casi sin nada. De lo contrario seguiría con mi visión trágica de la vida. Por eso ahora la miseria no me hacía mucho daño.

Entonces me llamó Luisa. Venía a estar conmigo el fin de semana. Y Luisa es una mujer adorable. Tal vez demasiado joven para mí. Pero no importa. Nada importa. Empezó a llover y a tronar, con un viento de ciclón y una humedad terrible. Es así en el Caribe. Hay sol y de pronto empieza el aire y la lluvia y uno está en medio del huracán. Me hacía falta un poco de ron, pero no había forma de conseguirlo. Yo tenía algún dinero pero no había nada que comprar. Me acosté a dormir. Estaba sudado y las sábanas sucias, pero me gusta mi olor a sudor y suciedad. Me excita olerme a mí mismo. Y Luisa estaba al llegar. Creo que me quedé dormido. Si el viento arreciaba más y arrancaba las planchas de fibrocemento del techo me daba igual. Nada importa.

este es parte del primer capitulo
COSAS NUEVAS EN MI VIDA
de un libro que un dia me mostró mi amigo
olate que lo quiero caleta porque es buena gente y chistoso
se llama "trilogía sucia de la habana"
de pedro juan gutierrez
y que hoy saqué de las bibliotecas del metro urbano

3 comentarios:

la misma tonta gil de siempre dijo...

Mañana sacaré pasajes pero no se dónde.........

Anónimo dijo...

Camilo! pucha que entretenido lo que leí. tú siempre con buenos textos en este espacio.

en este momento estoy en la biblioteca de la U, hoy tuve un certamen (prueba grande)y es por eso que ayer me perdí cartawua, estudié todo el día y dormí desde las 4AM hasta las 6AM... y ahora zombinamente me entretengo leyendo aquí.

.. jajajaja no pude evitar reirme demasiado con la canción del general.. jajajajaja tengo ataque de risaaa y varios me han mirado porque parezco quizás que cosa mirando una pantalla atentamente y luego riéndo... eres más chistoso.

mañana seré madrina.
ojala haya una junta de todos porque los extraño.

pasalo bien mañana.

un abrazo.

Evina.

todas somos princesitas dijo...

es realmewnte increible las cosas que escribes... no se de a dondfe sacas tenta tonteria linda...
gracias por ser como eres... simplemente eso...


gracias